Bitácora de viaje. Encuentro con los hijos y la nieta. Del 26Dic al 29Dic 2018
DIA 1 26 de Diciembre de 2018
Me levanto
muy temprano, mi despertador me ha funcionado… y despierto a Omar Enrique
(Akike) y Ana Victoria para que se alisten. Hemos pasado la navidad juntos, en
Maracay, compartiendo con Clarybel y Omar Miguel… 5am, ciudad silenciosa y
oscura. Nadie transita por las calles cuando inicio el recorrido. Vamos
caminando por la calle principal de la urbanización Montaña Fresca, cruzamos
hacia San Jacinto por un paso vecinal que comunica con un lote de terreno que
se encuentra baldío… seguimos caminando hasta llegar al terminal de Buses del
Parque San Jacinto. Breve espera, apenas se anuncia el sol cuando llega el bus
que nos llevará a La Victoria.
Selfie bus Maracay/La
Victoria/26Dic2018/5:40am
En el
terminal seguimos el recorrido hasta Los Teques. Rodamos internamente en bus
hasta La Hoyada de Los Teques y tomamos el bus que va a Caracas, Plaza
Venezuela… La ciudad está tranquila. Son las 8am… ya ha pasado la resaca de la
navidad, si es que acaso la hubo, y se nota en lo fresca que está la gente. Al
llegar entramos al metro rumbo al anexo en Campo Claro… aprovecho la mañana
para hacer las últimas diligencias antes de partir. Diana Lucía ya llegó para
reunirnos y bajar al aeropuerto en la tarde. Desayunamos todos juntos. La última
comida en que compartiremos los cuatro quien sabe hasta cuando. Hacia el
mediodía se despiden los chamos. Quedamos Diana Lucía y yo. A las 2pm nos viene
a buscar Luis Miguel y Kennalith, quienes nos darán la cola hasta la posada
Muévete por Vargas y nos acompañan en el almuerzo con unas cervezas frías. La posada
es pequeña pero confortable. El aire acondicionado arrechamente frío. El WiFi
arrechamente débil. Pero nos defendemos. Salgo a comprar algo para tener en la
habitación. No se consigue mucho. Termino comprando pan dulce y jugos. En la
noche estamos viendo la tele y las redes. El concierto de la Gala de Navidad de
Operación Triunfo, transmitido por TVE, nos adormece.
DIA 2 27 de Diciembre 2018
Despertamos
de golpe por la llamada desde la recepción. Es para despertarnos. El servicio
de transporte nos espera para trasladarnos al aeropuerto. Salimos a las 3:04am
y llegamos a las 3:09am. Cinco minutos de exactitud tal como lo ofrecen en el
servicio de traslado. El aeropuerto está bastante descongestionado, nada que
ver con otros tiempos de largas colas para chequear varios vuelos de diferentes
aerolíneas simultáneamente. Nos alcanza una sobrina y ahijada, Verónica Ehrmann
y su novio… se chequean en el mismo vuelo pero ellos conectaran en panamá hacia
Colombia, a una boda y recibirán el año nuevo allá. Chequeados vamos directo a
la salida de emigración y de allí hasta la puerta de embarque a esperar. En el
camino notamos que las mayorías de las tiendas
del Duty Free están cerradas, apenas las que ofrecen desayunos están
abiertas. Nos ubicamos en las sillas de espera de nuestro vuelo.
Selfie en
la sala de espera, minutos antes del temblor.
Me provoca
un café calientico. Voy al cafetín cercano, no hay latte vainilla… termino con
un con leche. Regreso a tomarlo en las sillas de espera y la conversación se
acentúa con la noticia del momento. Temblor fuerte en Caracas, Maracay y Valencia.
El twitter nos informa que la gente salió de sus casas en El Valle y Coche, en
Altamira y Los Palos Grandes, en Los Cortijos… desde Maracay, Clarybel me
escribe que lo sintió fuerte y ruidoso, que bajaron al estacionamiento a
esperar las réplicas. En las redes se multiplica la misma pregunta: Lo
sentiste?.. yo lo sentí fuerte… yo sentía que iba para adelante y para atrás…
lo sentí duro, fue fuerte, hacía mucho ruido… frases que fuera del contexto
suenan a chinazo. Ninguna información oficial. Mientras se conoce los reportes
sismológicos desde Colombia y Ecuador o Estados Unidos, los de Funvisis como
que estaban dormidos y no lo sintieron ni lo midieron, ni lo informan. Comienza
la guerra de los grados: 5.8; 5.2; 4.6… los astrológicos recuerdan que el
gobierno caerá después de un terremoto. Fue un terremoto o un temblor??… todos
los movimientos telúricos son sismos, que varían de intensidad, que se registra
por unos aparatos. La intensidad es una ecuación entre lugar de epicentro y
profundidad más el tiempo de duración del fenómeno terrestre y por supuesto la
distancia, a mayor distancia se atenúa su intensidad. Estando despierto y de
pie, comprando o tomando café, yo no lo sentí. Y me da rabia porque son muy
pocos los que he sentido; siempre pasan cuando estoy dormido o no los puedo
sentir. Mis frases también son de chinazo, pero no hay otra manera de decirlo.
Un sismo con replicas, con epicentros al oeste de Valencia, estado Carabobo nos
despiden. Haciéndole seguimiento a las noticias comienzan los llamados a
abordar el vuelo. Somos llamados por grupos. Grupo 1, grupo 2, grupo 3, grupo
4. Somos del último grupo y al ingresar notamos que el vuelo va lleno. Viajeros
venezolanos, argentinos, chinos mayoritariamente y algún que otro negrito
trinitario o parecido. Vuelo de dos horas más o menos hasta el aeropuerto
Tocumen en Panamá. Nos ubicamos en unas sillas en el área de espera para
pasajeros en tránsito. Nuestra espera es de siete horas… lo tomamos con calma.
Al rato me voy a caminar por el dutty free, busco una loción que me pidió
Carlos Daniel (Kniel) para Oriana. Ninguna tienda del ramo lo tiene. Los
venezolanos la buscan mucho y se nos agotó pero tenemos esta que es mejor… la
vendedora hace su tarea y yo la mía. No señorita, es un encargo y debo llevar
la que me pidieron, gracias… al regresar al asiento ya se han marchado Verónica
y el novio. Quedamos Diana Lucía y yo. El WiFi del aeropuerto es gratuito por
media hora. Después hay que pagarlo. En la página web del aeropuerto dicen que
dos horas por 3 dólares. Se puede comprar en unas tiendas. Voy a una y me dicen
que tienen la oferta de un sim card con internet ilimitado por 24 horas que se
puede recargar cada vez que esté en tránsito en el aeropuerto. Otra vendedora
que hace la tarea.. No señorita, gracias, solo necesito por dos horas (aunque
nos restan unas cinco horas más de espera). Dos horas en 10 dólares… la página
web . Como he dejado pendiente algunas diligencias mías en manos de Akike,
aproveché de comunicarme con él en la primera media hora gratuita. Pero ya se
acabó. Se me ocurre abrir una conexión diferente desde mi laptop… pero no tengo
whatsapp en el celular para hacer el link con whatsapp web. Al menos puedo
escribir por Facebook Messenger. Aurelena me escribe que no gaste en megas, que
ella está haciendo seguimiento del vuelo por el tracking de la aerolínea, que
ha estado chequeando hasta el clima, que habrá lluvia y posibilidad de granizo,
que seguro la llegada será turbulenta. Además me dice que no que no me preocupe
por estar conectados. Eso hago. Me quedo
a medio camino en el seguimiento de la diligencia en Caracas. Solo sé que Akike
está pendiente haciendo la diligencia. Ya sin megas me dedico a ordenar
información de los productos que me llevo para vender en Argentina. Redactar
las ofertas para las redes. A ver pasar la gente. Me recuerdo de la película de
Tom Hanks perdido en tránsito de un aeropuerto. Meriendo con pan dulce y jugo
comprado el día anterior. Diana Lucía con sándwich que le dejó su prima
Verónica. Me fastidio y vuelvo a caminar, voy al baño, me siento en una
capillita a agradecer a Dios la vida, los hijos, la familia, la salud, todo lo
bueno y lo no tan bueno. Y pido por el éxito para Diana Lucía en la etapa de
vida que está por comenzar en un país diferente, con costumbres y formas de
vivir diferentes. Es verdad que cortará con la carencia de muchas cosas pero
siento que también comenzará a lidiar con otras carencias: sus compañeros de
carrera, sus profesores, el Ávila, el calor y el sol del país, nuestra música,
nuestros rollo venezolanos, san Antonio de los altos. Como el toma y dame del
cambio es seguro en cualquier mudanza, me parece justo pedir que en el balance
entre lo que pierde y gana de esta mudanza, salga a favor de ella en el haber.
Salgo de la capillita y veo la pantalla de los vuelos. Ya tenemos puerta de
salida, falta poco menos de dos horas para salir. Al regresar al asiento le
digo a Diana Lucía para mudarnos a las sillas de espera de la puerta de
embarque… prefiere esperar, aún hay tiempo… un rato más y nos mudamos. En el
área una empleada de Copa anuncia a los pasajeros con destino a Caracas que la
puerta de embarque ha sido cambiada para la puerta 4, en lugar de la 8ª donde
estamos. Los venezolanos que estaban allí se quejan pero se mudan. Pienso que
el agite venezolano nos sigue donde vayamos. En el resto del tiempo de espera
van a llegar venezolanos buscando la puerta de embarque sin saber que fue
cambiada para la puerta 4… hasta yo doy información. Típico del venezolano que
le gusta ayudar, cálido, generoso.. Eso somos. Esa es nuestra marca de fábrica
de la emigración. Gente que se mete en la conversación del otro para hablar y
opinar, para pontificar y aconsejar, para ayudar cuando se requiere. En eso me
encuentro, ayudando a los que no saben que la puerta está unas cuantas puertas
más allá. Mientras tanto no me he ayudado a resolver el teléfono con el táctil
dañado o los lentes con una pata accidentada y reparada por Omar Miguel quien
me dio el auxilio para no ir por el mundo con unos lentes de una sola pata. La
empleada hace dos o tres llamados a los pasajeros con destino a Caracas que la
puerta de embarque es la número cuatro… el último llamado es con nombre y
apellido: fulano, fulanito y otro más que se espera por ellos en la puerta de
embarque 4… pienso que también somos así. El mundo gira indeteniblemente pero
pretendemos que el mundo pare y nos espere mientras hacemos nuestras cosas.
Comienza el llamado a los pasajeros con destino a Rosario, Argentina. La sala
está casi vacía. Tal vez 30 pasajeros, no los cuento pero somos pocos. Son
muchos más los que se alinean en las colas de las rutas de los buses en la bandera
para ir a la victoria, la encrucijada, san juan de los morros, Maracay o
valencia, para citar algunos destinos que he usado los últimos dos años. Ambos
casos son imágenes de nuestras carencias. Poco a poco van ingresando los
pasajeros. Le comento a Diana Lucía que tal vez el avión que nos lleva hizo
escala y nosotros completamos el pasaje. Pero no. Somos pocos los que volamos.
Y venezolanos creo que apenas media docena. La ventaja es que la fila de
asientos es para nosotros dos. Vamos holgados. Salimos algunos minutos antes de
la hora programada y llegaremos otros minutos más temprano de la hora en que
nos esperan. El piloto nos informa de la ruta como si los pasajeros sabemos por
donde vamos, como quien sabe cual carretera agarra y donde cruza para no perderse
en el camino. Pero nos advierte que hay mal tiempo en la ruta. Durante el viaje
el avión se mueve en algunos tramos, lo que obliga a encender el aviso de
cinturones de seguridad, pero en líneas generales fue un buen vuelo.
DÍA 3 28 de Diciembre de 2018 Día de los inocentes.
Siete
horas después de partir de Panamá aterrizamos en Rosario. Somos el único vuelo
que llega a esa hora. El aeropuerto es pequeño pero moderno y ordenado. No
tiene rampas para desembarco de pasajeros. Al pie de la escalera del avión nos
esperan dos buses para transportarnos, solamente usamos uno. La cola para
inmigración es rápida, las maletas salen rápido y la aduana apenas es un
trámite. Y todos los cuentos de que la aduana argentina es fastidiosa chocan
con esta llegada. Las tiendas del dutty free están abiertas aun cuando
solamente ha llegado un solo vuelo y con unos pocos pasajeros. Cuando vamos
saliendo al encuentro con Aurelena y Ronny, que nos esperan para llevarnos a
Buenos Aires, otros que también esperan a sus visitantes arrancan a aplaudir….
Un tricolor sale por ahí… pero no es por nosotros sino por un evangélico que
llega, supongo que esperado por su congregación y la bandera tricolor es la de
Colombia. El abrazo con Aure y con Ronny fue grato y feliz y en minutos estábamos
como si siempre hemos estado juntos. Es la seguridad de estar entre uno. Y uso
el término uno con toda la intención. No solo de mimetizarme en el otro sino de
apropiarme del él. Ellos son de uno. Cargamos el carro con las tres maletas,
los dos bolsos y dos hamacas auto envolventes. De estas hamacas hablar después…
un Fiat propiedad de Ronny y Aure nos transporta cómodamente. Nos dicen que son
tres horas de viaje. Errrcia… y yo pensando que era como ir de Higuerote a
Caracas. Si yo fuera presidente pondría el aeropuerto internacional en
Higuerote, invertiría en mejorar el estado de la vialidad y la seguridad vial y
en una hora o menos los pasajeros llegarían a Caracas. Pero eso es harina de
otro costal. En el camino la conversación fue sobre nuestro viaje desde
Caracas, sobre el de ellos desde Buenos Aires, sobre cómo les va. Ya entendí
como están laborando ambos y con más detalles sobre el desempeño de Aurelena
como gerente o supervisor de proyecto para Pfizer en el desarrollo de nuevos
medicamentos. Sobre la formación de Ronny como Chef y como se comparten los
tiempos con sus otras actividades: el uso del carro que hace Ronny en uber, los
servicios como intérprete público de Aure, el cambio de escuela de Arianna a un
colegio privado. La evolución que se está haciendo en el día a día de sus
vidas. Mientras la conversación se desgrana, vamos transitando por una
autopista de cuatro canales a tres canales y a dos en diversos tramos, cien por
ciento iluminada y bien mantenida. Y nosotros con el cuento de que el único
país interconectado con vialidad en américa latina éramos nosotros. La vía pasa
cerca de diversas poblaciones pero no las atraviesa, distribuidores de tránsito
llevan hacia ellas, así que la ruta es un solo jalón hacia Buenos Aires.
Pasamos dos peajes de un dólar y algo más. Con tasas reales para mantener la
vialidad que se usa, que estén bien iluminadas y con seguridad. Recuerdo que
los peaje dejaron de existir hace unos 20 años, según dijeron que era porque no
se justificaba que se le cobrara al pueblo una vialidad que es pública y estaba
privatizada y además atentaba contra la garantía constitucional del libre
tránsito. Pago de tasas públicas para que el estado garantice libre tránsito
con calidad y seguridad. Hemos recorrido durante unas dos horas, Aure quiere ir
al baño, hay que recargar de combustible y yo quiero un café. Diana y yo
tenemos 24 horas desde que nos despertamos en la posada de Catia la Mar del día
anterior. Paramos en una estación de servicio que funciona 24 x 24, con combustible
a precios internacionales, tienda de conveniencia full equipada y completamente
atendida. Solo estamos nosotros consumiendo combustible y en la tienda y me
salta por primera vez la idea de que esto es lo que merecemos como ciudadanos.
Vivir con un mínimo de comodidad y calidad de vida. A la venezolana lo
disfrutamos pero este nivel es un poco más alto del que llegamos a tener. Y
José Ignacio Cabrujas retumba en mi cabeza, pensando que de verdad es como lo
dijo Pío Miranda en El día que me quieras, que este país se perdió en algún
momento, torció el rumbo para otro lado. Es inevitable confrontar las dos
sociedades, latinoamericanas ambas, populistas ambas, imperfectas ambas. Una
con petróleo y la otra no. Una con el ego altísimo, la otra ignorante de la potencialidad
de la gente. El café caliente me reconforta para el tramo final, para la última
hora del viaje. Entonces se siente el cambio del panorama, comienzan a aparecer
las urbanizaciones de los suburbios, la vía se ensancha, el último peaje es
mucho más, a ambos lados de la autopista van otras vías de desplazamiento
rápido, llamadas colectoras, son las que se usan para conectar con la red vial
de la ciudad o para desde allí ingresar a la autopista… la ciudad se hace
presente alrededor de la autopista. Anuncios, edificios, centros comerciales,
etc. Todos los signos que indican que estamos en el Buenos Aires querido de
Gardel se evidencian cuando la autopista se eleva y gira y la mirada se
extiende sobre una ciudad que abarca toda la vista alrededor del os 360 grados
de visión. Estamos rodeados de la ciudad autónoma de Buenos Aires. En un giro
salimos de la autopista, cruces a la derecha y uno a la izquierda y paramos
frente al número 4787 de la 11 de Septiembre. En el segundo piso B está el
apartamento de Carlos Daniel, mi casa los próximos 35 días. El nombre de la
calle me llama la atención. 11 de septiembre fecha maldita; ese día junto a
Salvador Allende asesinaron la democracia latinoamericana en Chile. Los milicos
de todo el continente reivindicaron el derecho superior que tienen para torcer
el rumbo de sus pueblos. Casi 20 años después le tocará a Venezuela el susto
del golpe y desde hace 20 sus consecuencias. Kniel estaba en duerme vela
esperando mi llegada. Son casi las 4am. Nos abrazamos y subimos a su
apartamento, tipo estudio, mono ambiente. Bien arregladito. En el sofá cama
duerme Arianna, que no aguanto a esperarme. La pasan a la cama matrimonial
entre Oriana y Kniel y al lado de la cama una cachorrita que también llego
horas antes que llegó, se llama Cachirula, está en tránsito mientras se le
consigue hogar. Labor por amor a los animales de parte de Oriana. Apagamos la
luz. En silencio doy gracias a Dios por el encuentro. Y me duermo.
El
amanecer del día fue tarde. Ya Oriana se arregló para salir a trabajar. Kniel
está libre hasta el 2 de enero. Con Arianna vamos a comprar medialunas para el
desayuno. Algo de argentino debo tener porque mi desayuno preferido es panes
dulces, cachitos dulces, tortas dulces, cereales con leche y endulzados,
panquecas con sirope o mermeladas dulces y así. Más tarde salimos a algunas
diligencias cercanas en un centro comercial Carrefour. En un solo lugar y se
consigue de todo. Arianna va hablando en todo el camino. Veo la manera de
desenvolverse de mi hijo. Adaptado a la ciudad, su dinámica y sus maneras. La
forma de vivir se parece a él. Me doy cuenta que estaba como fuera de lugar en
Caracas. Y eso que también tenía sus maneras de relacionarse. Acá solamente le
hace falta la fuerza y la altura del mar para surfear y por supuesto la playa a
la mano. Arianna se refiere al lugar con propiedad. Tío yo vine a comer para
acá. Y entre ambos se desarrolla un dialogo corto sobre eso. También me da la
impresión de que ella es de aquí desde siempre. De regreso a casa aprovecho para
comunicarme con Caracas usando WiFi. Arreglo el asunto pendiente del día
anterior que aún no se resuelve. Akike ha puesto todo su empeño pero el banco
pone todas las trabas. Termino resolviendo de otra manera. Almorzamos
manufacturado por Kniel y Arianna dice que es el mejor arroz que ha comido. Esta
graciosa y pizpireta y me alegra verla tan desenvuelta y tan ella.
Selfie con Kniel, Arianna y Cachirula…
Y en la
tarde vamos tipo 4pm a la casa de la tía de mis hijos, Adriana. Vive en casa
con piscina por los lados de Florida, urbanización clase media. Vamos en bus, y
mis ojos van registrando todo. La conversación con Arianna es grata. Es cómica,
inteligente, desenvuelta y es mi nieta. Llegamos a la casa, Kniel tiene llave,
la casa está sola, y pasamos de una al jardín posterior. El sol de la mañana ha
dado paso a una tarde nubosa y con brisa. Así que la tarde está fresca. Aun así
entramos a la piscina un rato. Más tarde llega la pareja de Adriana, Gonzalo;
un tipo de hablar grato y amable. Es socio junto a Kniel y Adriana de un
emprendimiento de cerveza artesanal. La fábrica está en el sótano de la casa.
Producen y colocan cervezas en el mercado de amantes de la cerveza, locales de
ese estilo. Es una ocupación para todos, quienes tienen sus trabajos
principales. Así que hablamos de la cerveza, del boom internacional por la
modalidad artesanal, de los costos, del mercadeo, todo eso mientras Gonzalo
enciende los carbones para hacer un asado, una parrillada de carne de res,
cerdo y embutidos, con papas, batatas y ensaladas. Kniel me brinda cervezas de
su marca Chévere.
Cerveza negra tipo American
Stout marca Chévere… LeRonca el sabor…
Al rato
llegan Aurelena, Diana Lucía, Ronny y Miriam, la mamá de mis tres hijos. Hora
de comenzar a comer y no ha llegado Adriana. Terminamos y hacemos una larga
sobremesa. Ya al final llega de trabajar la dueña de la casa. Un rato más con
ella y en uber regresamos a casa.
DÍA 4 29 de Diciembre de 2018 Cumpleaños de Aurelena
Despierto
de repente con frio, me acurruco en el sofá cama. Se escuchan truenos. Llueve
con brisa. Extraña manifestación del verano. Sin embargo es algo normal acá.
Hay que revisar el estado del tiempo para tomar las precauciones. Desde ayer
estamos advertidos que hoy habrá lluvia fuerte. Malas noticias para Aurelena
que ha invitado a sus amigos a celebrar el cumpleaños alrededor de la piscina.
A pesar del frío me quedo enrollado y duermo algo más. Cuando despierto Oriana
y Kniel están alistándose para salir. Van hacer las compras para la casa. Me
apuro y me arreglo para irme con ellos. Es lo que más me gusta de los viajes,
hacer cosas de rutina del lugar y ver cómo funcionan las cosas en la realidad.
Vamos a unas cuantas cuadras a una plaza donde se instalan puestos con toldos y
venden verduras, hortalizas, frutas, etc… como los gochos en Venezuela, pero lo
atienden peruanos o bolivianos, que también son andinos o gochos al fin y al
cabo. En un video que intentaré colgar muestro un poco el ritmo de la plaza. Mientras
lo hago voy a resumir mi experiencia. En primer lugar, la ciudad tiene una
manera de hacer las cosas muy similares a como se hacen en Venezuela. Por
ejemplo nosotros tenemos los mercados de los gochos que se instalan en toldos o
en mercados ambulantes a cielo abierto, acá son más reducidos pero igualmente
eficientes. Atienden los barrios o urbanizaciones. Cuando digo barrio es que
las urbanizaciones de clase media o alta son llamadas barrios… que están
agrupados por sectores o parroquias, que se integran en municipios. Los
productos se ven de primera calidad. Nada de cambur pintón. Es banana aun sin
madurar que les garantiza durabilidad, y así con las papas, el pimentón, que
acá se llama morrón, etc.; son bastante organizados en el proceso de comprar y
pagar. Y es más barato que comprar en el supermercado o el abasto del
sector. Mientras compraban yo hice la
cola, lo que se llama marcar el puesto de la cola, como se hace acá, aunque no
hace falta, trabajan rápido y no hay cuello de botella. Estando en la cola pude
oír las conversaciones de los lugareños. Son quejones y por todo. En el caso de
la economía le echan la culpa a la corrupción. Y se quejan de cómo están las
cosas y del alto costo de la vida. Y tienen inflación de un digito o a lo sumo
dos en el primer tercio de la escala. La mayoría eran de la tercera edad. Los
jóvenes no acuden a ese lugar a comprar. Creo que es porque los jóvenes
prefieren los supermercados modernos, comprar empacado o marcas, etc. Acá cada
quien debe escoger lo que lleva, no hay empacado, se llevan sus cosas en bolsas
plásticas que luego meten en los carritos del mercado, que acá llaman
“chanchitos”. Oriana y Kniel son una excepción, tal vez porque ellos valoran lo
que ahorran al comprar en la plaza, por encima de la comodidad de comprar
empacado y pagar en punto de venta. Buscan el mejor precio, lo cual no está mal
y puede ser algo de lo que han heredado de Venezuela y la crisis económica,
pero también de la necesidad de rendir sus ingresos, buscan hacer economías
para comprar artículos que les hace falta o para cambiarse a otra vivienda más
holgada, al menos de una habitación. Y todo eso vale en el caso de ellos. Pero
al verlos interaccionando en ese ambiente, con unos vecinos mucho mayores que
ellos me doy cuenta que también han dejado de ser los jóvenes que les gustaba
comprar según la marca, maduran y son asertivos, buscan no errar. Creo que van
en camino de construirse su propio futuro y lo están haciendo a miles de kilómetros
de su origen. Esas raíces que echen acá serán mucho más fuertes que las que los
asentaban en Venezuela. Son venezolanos porque nacieron allí, pero se están
haciendo ciudadanos de un país donde está el fruto de sus esfuerzos, y es en
ese patrimonio que van creando el verdadero país donde habitan. El de sus
propios logros. Lástima que esos logros se están dando al sur del continente. Al
terminar de comprar seguimos en bus a un negocio más alejado para comprar
embutidos, queso, etc. Y cuando terminamos regresamos a casa. Toda esa
movilización habla por sí sola de la manera como se han adaptado a su entorno.
Conocen los vericuetos de la ciudad, tienen sus lugares de compra a distancia, no compran en el primer local que consiguen, sino en aquel donde consiguen
buenos precios, calidad de productos y servicio. En el camino nos enteramos que
Aure suspendió la celebración por el asunto de la lluvia porque el pronóstico
es de más lluvia en la tarde. Almorzamos en casa y vemos cómo evoluciona la
tarde con cielo azul sin nubes, luminoso, caluroso. La contraorden es que si
vamos a reunirnos por el cumpleaños de Aurelena pero solo la familia. Volvemos
a la casa de la tía y nos recibe Gonzalo y Adriana. Están cocinando para la
cena de tortillas mexicanas, hay guacamole, carne molida guisada y pollo a la
mexicana, cervezas, vino, torta y mucha conversación, además de un acertijo
para que la cumpleañera descubra su regalo en medio de unos acertijos. Al final
llega la hora del regreso, otra vez un uber es el vehículo para regresar a
casa. Y Aure anuncia que para ella la noche comienza, se va a bailar para
celebrar el cumpleaños con su grupo de bachateros bailarines. Cuando nos
acostamos, se siente la tranquilidad de la ciudad en una fresca noche de
verano.







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